Luis Ortega Alcalde
Curiosidades

Aprende como identificar los tipos de amor que no son sanos

Una de las definiciones de la RAE sobre el amor dice lo siguiente: «Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser». Podemos encuadrar esta definición que comprende el amor romántico como una necesidad. Si vemos el amor desde esta perspectiva, lo podemos vivenciar desde la dependencia emocional hacia el otro. Es decir, necesitar a otra persona para lograr el bienestar personal y viceversa.

Y el amor nada tiene que ver con eso. Aunque no existe un único modelo de amor insano, sí existen patrones de actuación e interpretación que hacen que las relaciones de pareja puedan ser disfuncionales o generar malestar. Pablo Neira, psicólogo en la Clínica López Ibor dice que se puede encontrar la conceptualización de que el amor es una necesidad que se tiene para ser feliz y que por este motivo se depende de la persona amada para serlo: «Existe incluso la visión opuesta; yo soy responsable de la felicidad de mi pareja y si en algún momento de su vida siente malestar es porque no estoy sabiendo hacerla feliz».

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También se puede conceptualizar el amor desde la posesión; el famoso tú eres mío y yo soy tuyo. «En este aspecto se fomenta la idea de que todas las decisiones que se toman en la vida tienen que pasar por la pareja y que la persona amada tiene una serie de prohibiciones y deberes rígidos en su vida por ser la otra parte de mi relación. De la misma manera, yo tengo esas mismas prohibiciones y deberes por ser su pareja. Es un concepto de amor esclavo», explica el experto.

Todos estos conceptos, que pueden disfrazarse de motivos hermosos sobre los que fundamentar el amor, hacen de las relaciones de pareja una fuente de malestar a largo plazo.

Amores que no lo son

¿Qué tipos de amor hay y cómo identificarlos? Los psicólogos de la clínica López Ibor, Pablo Neira y Beatriz Mora, nos lo cuentan:

Amor dependiente. El mito de la media naranja, uno de los mitos del amor romántico, que nos dice y hace creer que si no hay una persona a nuestro lado no estamos completos y nos falta algo, puede ser un buen ejemplo. «Algo que a priori, parece muy bonito y entrañable, puede resultar patológico a largo plazo ya que podemos tender a atribuir nuestro bienestar o malestar a nuestra pareja y percibirnos a nosotros mismos a la deriva, presos de lo que un tercero diga o haga», cuentan. «No soy nadie sin…», «mi vida es un horror porque mi pareja…», «ya no merece nada la pena porque no está esa persona»…

Amor protector. Por otro lado, también podemos vernos como los abanderados o protectores de nuestra pareja. Si esto ocurre, nos veremos responsables del malestar de la otra persona, generando sentimientos de culpa e hiper-responsabilidad hace ella. «Por mi culpa está llorando y no es feliz», «no le puedo hacer feliz», «no sé cómo hacer que no sufra», «soy un novio pésimo»…

Amor idílico. Siguiendo en esta línea de distorsión del amor, distorsionamos el concepto de amor romántico pensando que siempre sentiremos esta emoción de la misma manera hacia la persona querida, independientemente del tiempo que pase o las circunstancias que ocurran en mi vida. Dicen los psicólogos que esto es imposible ya que los primeros momentos de una relación sentimental suelen ir motivados por sensaciones y emociones muy intensas y agradables: «El amor en sus primeros momentos genera cambios fisiológicos en nuestro organismo que afectan directamente a los centros del placer de nuestro cerebro».

Amor adicto. A nivel bioquímico, los seres humanos nos enamoramos cuando percibimos reciprocidad en una persona a la que atribuimos características psicológicas, sociales y físicas que nos resultan atractivas. Esta interpretación automática pasa al sistema endocrino segregando una serie de hormonas como la dopamina, que está íntimamente relacionada con la activación de los centros del placer del cerebro. Estas reacciones son similares a las que se producen al consumir algunas drogas de abuso o conductas adictivas, produciendo una serie de sensaciones y emociones intensas en nuestro cerebro e imposibles de mantener a largo plazo, por lo que si entendemos el amor como estas sensaciones, lo estamos entendiendo como una reacción química, abrupta y fugaz, lo que se contrapone al concepto de pareja.

Amor fugaz. Pueden ser comunes, patrones de conducta hacia las relaciones sentimentales desde la búsqueda de la sensación indicada anteriormente. En palabras de los expertos en psicología: parejas que se inician de forma rápida e intensa y que terminan unos meses después para posteriormente buscar de nuevo otra relación y encontrar de nuevo esa sensación.

También se puede conceptualizar el amor desde la posesión; el famoso tú eres mío y yo soy tuyo. «En este aspecto se fomenta la idea de que todas las decisiones que se toman en la vida tienen que pasar por la pareja y que la persona amada tiene una serie de prohibiciones y deberes rígidos en su vida por ser la otra parte de mi relación. De la misma manera, yo tengo esas mismas prohibiciones y deberes por ser su pareja. Es un concepto de amor esclavo», explica el experto.

Todos estos conceptos, que pueden disfrazarse de motivos hermosos sobre los que fundamentar el amor, hacen de las relaciones de pareja una fuente de malestar a largo plazo.

Amistad, el vínculo clave

Conocerás, y seguramente de cerca, a alguna pareja que ha dejado de lado sus respectivas amistades. Esto, al parecer, es la peor decisión que se puede tomar. Reconoce Pablo Neira que la vida en pareja nos empuja a adaptar nuestra vida de soltero, pero que el área de la pareja es una de las muchas áreas que el ser humano necesita para conseguir su bienestar, por lo que «destruir nuestro área social, no nos ayuda a sentirnos mejor» en nuestra relación.

El pensar que mi pareja lo es todo para mí y con esa persona me basta para ser feliz y cubre mis necesidades lleva a las personas a alejarse de otras variables y áreas de su vida sobre las que también se sustenta su felicidad y bienestar. «Hay que remarcar el concepto de media naranja, muy instaurado socialmente, que nos hace ver que no estoy completo sin la otra persona, es decir, que mi identidad y quién soy no se entiende sin el otro», concluye.

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